Diario de Cádiz
martes, 24 de Febrero del 2004

Carnavales

las callejeras levantaron el ánimo

Carrusel de ilegales contra la lluvia
Al mal tiempo, la buena cara de las callejeras, que lograron animar la tarde a todos los jartibles

VIRGINIA LEÓN.   

CÁDIZ. "¡Ay! San Pedro pisha, no tires más agua, que tengo agujetas en este brazo de abrir el paraguas...", cantaba ayer algún que otro grupito de aventurados de los que decidieron lanzarse a vivir, en la medida de lo posible, el Carnaval.

La lluvia y el frío protagonizaron el día de ayer, y a la hora puntera de la mañanita del lunes, la plaza de Abastos, la plaza de las Flores y todas las calles colindantes, no eran ni una sombra de lo que debía ser este día de Carnaval. ¡Tiene guasa la cosa!.

Los puestos ambulantes de tortillitas de camarones, cangrejos, camarones, bocas... de artilugios carnavaleros y comercios de alrededor, presentaban un aspecto desolador. "Esta lluvia se lo está cargando todo", decía uno de los comerciantes.

A las dos de la tarde se hizo oficial la suspensión del carrusel de coros y de los concursos en la calle, ante lo que la mayoría de los gaditanos decidieron quedarse en casa al calorcito de la estufita y tomando un buen caldo de puchero. Pero 'esto es Carnaval' y muchos no se resistían a creer que la lluvia les iba a aguar la fiesta, nunca mejor dicho. De este modo, las miradas esperanzadoras de los más jartibles estaban enfiladas hacia las ilegales, que eran las únicas que podían darle vida al día gris de ayer (junto a los tres coros que salieron). Si bien pasadas las tres de la tarde sólo merodeaban por el Merodio y alrededores, dos o tres ilegales y reducidos grupos de seguidores, así como otros tantos foráneos despistados, pasadas las cinco, estas extraoficiales comenzaron a tomarle el pulso a la lluvia.

Y poco a poco, el ambiente empezó a animarse, entre gorritos y paraguas de todas clases y colores, chubasqueros y, cómo no, las viandas típicas del Carnaval, o lo que es lo mismo, moscatelito para entrar en calor, cubatitas y cervecita, para no hacerle un feo al gorro más famoso de esta edición, el de Gambrinus.

La gente ya no iba en busca del sol, puesto que el cielo andaba cargadito, pero sí tras cualquier techo para resguardarse y cantar el repertorio de turno.

Entre las que comenzaron a dar el callo contra viento y lluvia estaban los componentes de 'La tribu sedentaria de los negros albinos', precisamente una de las más seguidas cuando llega la semana grande. Con rostros pálidos y pelucón rizado blanco, lograron arrancar numerosas sonrisas por donde iban.

Los exhibicionistas de 'Los mandaos' también estaban dispuestos a animar la cosa desde tempranito junto a una de las puertas del mercado de Abastos.

Bajo otro techo, esta vez en la misma puerta del Ayuntamiento, durante unas horas se pudo vivir un mano a mano entre un par de callejeras: 'Los sinvergüenzas de Camelot' y 'Los Mayores de Montpellier', estos últimos, encarnando a los majorettes que venían a desfilar a Cádiz en las denominadas 'Fiestas Típicas'.

Los de Camelot, por su parte, dejaban bien claro que allí en su tierra tienen de 'to', menos el adobo de Cádiz, que es lo que más les gusta.

Pese al día, no dudaron en salir los vendedores de bebida de la playa 'Dando la lata' , que solicitaron por favor, que nadie les pidieran los papeles, "que somos ilegales de verdad".

'Los peruanos' también llegaron desde su país hasta Cádiz buscando en su estribillo un plan, "pero un plan de pensiones, que la vida está fatal". Estos jóvenes ofrecían al público sus libretos y daban permiso para "meter las manos en sus paquetes si querían alguno", con un acento muy propio y un repertorio muy conseguido y bien cantado.

Entre las ilegales no faltaron algunos romanceros como 'National Geografic', que arrastraba a su paso, a numerosos seguidores. El entrevistado doctor gaditano de 'Los ratones coloraos' también lanzó a los cuatro vientos su 'Romancero Pirata'. Advertía que no es de los que tiene parches, garfio, ni pata de palo, que no le gusta el pulpo crudo, sino el menudo; también informaba de que "antes no había ron de siete años, porque no aguantaba tanto".

En otro rincón de la calle Hospital de mujeres, una chirigota divina advertía a todos, que eran dios y que habían bajado para ver cómo es el Carnaval en esta tierra. Con el ojo que todo lo ve sobre su cabeza, "menos cuando se toman unas copas", estos dioses mostraron que tienen la gracia de dios, y que no saben muy bien cómo hicieron para subir al Cádiz a segunda; eso sí, ese día estaban borrachos, así que este año harán lo mismo para que el equipo suba a primera. El agua no pudo con ellos.