GENESIS Y EVOLUCIÓN DEL CARNAVAL DE CÁDIZ:
UNA HISTORIA DE LUCHA POR LA LIBERTAD

 
Introducción.-

El carnaval forma parte importante de la historia de Cádiz, la cuidad donde nací y en la que vivo. Desde pequeño, debido a la afición de mi padre y abuelo materno a las coplas de coros, comparsas y chirigotas, he vivido muchas de las experiencias posibles de esta manifestación popular, cosa que mis familiares no pudieron hacer por estar mal considerado socialmente, ya que hasta hace unos 25 años los componentes de las agrupaciones procedían de los estratos más bajos de la sociedad gaditana.

Siempre he imaginado el carnaval como ejemplo de lucha por la libertad o cuando menos la válvula de escape para el oprimido, de las tensiones que generan un año de opresión. El carnaval es una fiesta cargada de rituales y símbolos, donde la estructura social tiene un papel fundamental, esta manifestación cultural, ha sido y continua siendo fuente de curiosidad para los antropólogos.

En las distintas etapas de la historia de la humanidad, siempre existieron fiestas en las que babilonios, egipcios, griegos, romanos, cristianos, musulmanes y otros muchos pueblos, subvertían el orden establecido, invertían los roles tradicionales, daban rienda suelta a sus apetitos alimenticios y sexuales, y expresaban en voz alta opiniones que el resto del año debían callar. Estas fiestas estaban siempre relacionadas con la religión, en tanto se celebraban en honor a algún Dios o se realizaban como desquites previos a periodos de abstinencias que las religiones marcaban. Cuando las festividades terminaban la gente volvía a su realidad cotidiana, teóricamente arrepentidos de los excesos cometidos, por lo que algunos antropólogos continúan discutiendo si en realidad el carnaval cubre una función de transformación o de conservación.

Las costumbres en este tipo de fiestas han sido y son de lo más variopintas, haciendo un poco de historia y refiriéndonos a los registros más antiguos, nos tenemos que remontar 4000 años atrás hasta la antigua Babilonia, en ella se veneraba a Marduk Dios fundador de la ciudad y en el templo que lindaba con los famosos jardines colgantes, al inicio de la primavera, se celebraba su fiesta que duraba 5 días. Durante las mismas los sirvientes daban ordenes a sus amos, se ridiculizaba a la justicia permitiendo a un reo disfrutar de los privilegios del rey y este a su vez era tratado como un siervo, hasta que la tarde del 5 día el reo era ajusticiado, permitiendo así expiar con él al pueblo y a su monarca las culpas acumuladas ese año y reconciliarse con el Dios.

Carnavales en la Grecia y Roma antiguas.-

En la antigua Grecia las fiestas a Dionisos eran famosas por sus celebraciones alegres y desenfrenadas, en las que los excesos de vino y comida terminaban en auténticas orgías sexuales. En estas fiestas participaba todo el pueblo sin distinción de clases, concediéndose a la clase productora dedicada a la poiesis, el don de la palabra para discutir “la praxis”.

Muchas de estas fiestas debían su aparición al ritmo del trabajo agrícola, como las Saturnales romanas dedicadas al Dios Saturno. Parece ser que se celebraban en torno al 17 de diciembre y duraban 7 días, coincidiendo con la finalización de los trabajos del campo tras la siembra de invierno. Eran frecuentes durante los festejos: que las gentes obsequiaran velas de colores como regalos, los banquetes, permitir todo lo prohibido, romper las barreras sociales entre amos y esclavos, caricaturizar las leyes y a los cargos públicos, y elegir a un rey entre los bufones que incitaba a todo tipo de placeres y luego era ejecutado. En estas fiestas los soldados solían vestirse de mujer y hablar en falsete.

A mediados de febrero comenzaban otras fiestas en honor del Dios Pan, símbolo del hambre sexual irreprimible e insaciable, como es de suponer, los rituales estaban llenos de furor sexual que presagiaba la primavera, al Dios Pan (también Lupercus) se le representaba con imagen mitad humana, mitad de macho cabrio y con el tridente de Neptuno en la mano (como los cristianos después representarían al diablo, figura muy utilizada en carnavales como disfraz) . Después de estos excesos llegaba la purificación, se confeccionaban unos látigos con pelo de cabra, con los que dos niños, evocando a Rómulo y Remo, azotaban a las personas para impregnarlas de la potencia fecundadora de las cabras y purificar sus cuerpos. Estas celebraciones eran disfrutadas igualmente por los paganos y los primeros cristianos, hasta que con el trascurso de los años las autoridades eclesiásticas comenzaron a restringir dichas prácticas.

Hacia el año 270 dC, el emperador romano Claudio II prohibió el matrimonio por razones estratégicas (los jóvenes cristianos casados no querían ir a la guerra), y el obispo Valentín se opuso casando de forma clandestina a todos los cristianos que lo desearan, por ello fue ajusticiado. Doscientos años mas tarde este obispo fue proclamado por la iglesia patrón de los enamorados, intentando contrarrestar con esta celebración la fascinación de los jóvenes cristianos por las Lupercales. También la celebración del nacimiento de Jesucristo se hizo coincidir con las Saturnales y de esta forma muchos elementos de las tradiciones paganas se fueron fusionando a lo largo del tiempo con las cristianas.

El carnaval medieval.-

Con la dominación del ideal cristiano, todo pasa por la relación entre el mundo terrenal y lo supraterreno, todos somos iguales porque todos somos hijos de Dios. Pero la salvación del alma requiere de sacrificios, en esta época el prototipo del paradigma religioso es el monje que vive en una comunidad monástica, que mediante la ascética, bajo la protección del monasterio y el aislamiento, queda libre de la barbarie pecadora. En el esquema cristiano, la separación del ámbito de realización de lo humano (alejarse del origen terrenal, de la procreación, de la esfera de la propiedad), lleva al individuo a la salvación, lo terrenal es un obstáculo para tal fin. El carnaval también forma parte de esta verticalidad del propósito cristiano, el hombre se hace consciente de su vida de pecado y abandona todo obstáculo mediante la purificación de la cuaresma, para ponerse en disposición de recibir a Jesucristo en la conmemoración de su pasión y muerte.

Durante el carnaval, al inicio del siglo XI y coincidiendo con la primera mitad del mes de febrero, era común que los sacerdotes eligieran a un obispo de los bufones, comieran y bebieran a su antojo, realizaran una misa cantada con las caras tiznadas o con máscaras ridículas, mientras los asistentes danzaban y coreaban canciones burlescas, tras concluir la misa muchos bailaban desnudos en el lugar sagrado y salían de allí en viejas carretas lanzando agua y basura al pueblo que los rodeaba. Muchos jerarcas eclesiásticos reprimían en lo posible estas prácticas, pero otros veían en ellas una válvula de escape para las gentes y el clero, y aunque no la defendían, si las toleraban.

Los carnavales no solo fueron divertimentos folclóricos, sino también se constituyeron desde el comienzo de su historia, como hemos visto, en una época propicia para la lucha por la libertad y con ello, para la crítica política, así a mediados del siglo XIV se hizo famoso, a consecuencia de una revuelta gremial en Alemania, la mascarada del hombre salvaje, que cantaba y contaba las verdades y críticas más ácidas a sus gobernantes, esta tradición se extendió a Italia, Francia y algunos lugares de España, donde la representación de este ser primitivo cubierto de pieles y musgo solía acompañarse de un gran cencerro.

Renacimiento e ilustración.-

Los desfiles del carnaval del renacimiento, se caracterizaban por representar motivos antiguos como el Dios Neptuno entronizado en un barco, Baco llevando encadenadas a las bacantes y a Tántalo, Sísifo y Prometeo sufriendo los tormentos del infierno, también los banquetes y el vino eran protagonistas de la fiesta.

Con la ilustración, los cortesanos y la nobleza prefirieron las escenas bucólicas representadas por pastores, cazadores y jardineros, acompañados por faunos y espíritus de la naturaleza. De esta época en Venecia parece tener origen una práctica habitual en el carnaval posterior, la de arrojarse agua. Existía allí una costumbre la noche del martes de carnaval, aquellos que lograban mantener encendida una vela hasta el amanecer, atraían la buena suerte. Los vecinos solían arrojar agua con jeringas o cubos a los portadores de esas velas para apagarlas. De Italia nos llega la palabra carne-vali, vale la carne, que da nombre a las fiestas.

En la lucha por las libertades, que viaja en muchos casos paralela a la historia del carnaval, las disposiciones emanadas desde la iglesia u otros poderes, es una larguísima relación de prohibiciones y cortapisas, que trataron con mayor o menor resultado de hacer desaparecer o cuanto menos controlar esta manifestación popular. Ya que cuando el poder eclesiástico o sociopolítico comprendía que no era posible terminar con algunas costumbres, ha tendido siempre a reglamentarlas y al mismo tiempo conducir al pueblo en dichas fiestas, hacia lugares concretos para supervisarlo.

Carnaval antiguo, carnaval moderno.-

Julio Caro Baroja, sin duda uno de los más prestigiosos estudiosos del carnaval, mantiene que el actual no tiene su origen en las fiestas hasta ahora comentadas y que considerarlo así es un tópico que repite gente no letrada. A pesar de tener en cuenta sus palabras respecto a que la forma de celebrar estas fechas no se corresponde exactamente con Bacanales, Lupercales, Saturnales, mes de Phaljova en la India, fiesta del falo en Egipto o la Axura Árabe, que el autor también recoge en su estudio, no podemos dejar de reconocer en costumbres concretas, bastantes de las que pueden verse actualmente en muchos de los carnavales de nuestras ciudades.

Lo que sin duda podemos afirmar es que los actuales carnavales son herederos directos del cristianismo, ya que sin la idea de cuaresma, no existiría en la forma que ha existido desde fechas oscuras de la edad media europea.

El carnaval como lo conocemos, se sitúa en las jornadas previas a la cuaresma, y su principal significación es que se autoriza la satisfacción de todos los apetitos que la moral cristiana refrena acto seguido a partir del miércoles de ceniza durante cuarenta días, que conmemora el ayuno, abstinencia y periodo de reflexión de Jesucristo en el desierto. Pero al dejar expansionarse al pueblo en esos días, la moral cristiana reconoce los derechos de la carne y con esto el carnaval encuentra así, además de su significación religiosa, una significación social, psicológica y equilibradora en todos los aspectos.

Podríamos referirnos al carnaval dentro del contexto de una situación liminar, en la que el cristiano realiza una transición anual a una nueva vida marcada por los mandamientos de su religión. En una primera fase de separación, el iniciado se prepara para la fase de marginalidad o limen rompiendo con lo anterior, proyectando la fiesta, confeccionando su máscara y disfraz, o aprendiendo y ensayando las letrillas que luego cantarán. En el estadio de margen o limen se coloca en una situación socialmente indefinida, ambigua, en la que quedan suspendidos temporalmente los atributos sociales e incluso morales del individuo, “rompiendo la fuerza de la costumbre y abriendo paso a la especulación”, una brecha que se abre en el seno de la estructura y que en este, como en la mayoría de los casos, adopta la forma de comunitas. En el carnaval se produce una interrupción temporal de la estabilidad que a la larga, asegurará el mantenimiento de la estructura, produciéndose lo que para Turner es el proceso dialéctico entre la comunitas y esta. En la última fase de reincorporación, simbolizada por el ritual del miércoles de ceniza, el iniciado es purificado y se reintegra a la sociedad normal asumiendo un compromiso con la colectividad, con un conocimiento realzado de las cosas.

El carnaval en España.-

Las carnestolendas se celebraban en casi todos los pueblos de España, teniendo en cada uno de ellos su singularidad. Todo ello a pesar de que ya en 1523 Carlos I, prohibió el mismo, aunque al parecer no tuvo mucho éxito.

Deleito Peñuela en el siglo XVII, cita los días de carnaval como una fiesta del pueblo, en la que predominan las mascaras y los disfraces, así como juegos del tipo de manteamientos, persecuciones y otros más agresivos como tirar barro, agua o huevos.

El carnaval de Cádiz.-

El carnaval de Cádiz entre tanto, fue tomando formas distintas probablemente por influencias del carnaval Veneciano y Genovés, ya que buscando un lugar bien comunicado con África se afincaron sus comerciantes en nuestra ciudad, por ello hoy podemos escuchar apellidos que nos parecen tan gaditanos como los de Paoli, Bianchi, Soprani o Rossety.

La ciudad gaditana obtuvo en el siglo XVIII el monopolio del comercio con América, llegando a unos niveles de riqueza y de lujo que sorprendían a cualquier visitante y que se tradujo en unos carnavales tan lujosos como los de Venecia, Roma o Niza. Antifaces, caretas (mascaras), vistosos disfraces, jeringas de agua, caramelos arrojadizos (confites), son elementos que Cádiz asimiló del carnaval italiano.

El comercio con América nos trajo también los ritmos propios del Caribe que actualmente se conservan en nuestro folclore, como los tanguillos (proveniente de la habanera) que entonan nuestros coros en carnaval o algunos cantes flamencos como tangos, colombianas, etc. Muchos de estos ritmos al parecer, fueron cantados en Cádiz por comparsas de negros traídos como esclavos, aun se conserva en la ciudad una calle llamada “Callejón de los negros”, lindando con el lugar cercano al puerto comercial, donde estuvieron las mazmorras en las que eran arrojados, mejor dicho que alojados, al desembarcar.

Un elemento fundamental del carnaval de Cádiz es el disfraz (denominado actualmente, cuando nos referimos a las agrupaciones, como “tipo”), con él, junto a la máscara, se rompe el orden social, se enfrentan las clases y se propicia el comer, beber, ironizar, criticar y satirizar a la sociedad y la autoridad. Como en la antigua Roma, en carnaval nuestra identidad cambia por deseo propio, durante unas horas o unos días somos otra cosa. Los bailes de disfraces eran el eje social de las fiestas en el siglo XVIII y para prevenir el riesgo de desórdenes que propiciaban las máscaras, fueron tremendamente normatizados con prohibiciones que iban desde el motivo del disfraz (no eclesiásticos, no hombres disfrazados de mujeres, no máscaras indecorosas), hasta limitar las alusiones y críticas que se hacían en los cánticos de las agrupaciones. A estos bailes de las clases pudientes, se simultaneaban las celebraciones de las gentes más humildes, fandangos, bailes de los gitanos como el Manguindoy (calificados por los más recatados como indecentísimo), arrojarse agua y saquillos (bolsas de tela que contenían arena), sacudirse con plumeros de papel y escuchar a cuadrillas denominadas comparsas, que disfrazados cantaban y bailaban por las calles.

1. El siglo XIX.-

Pese a la oposición de determinados grupos sociales y gobernantes, el carnaval se adentró en el siglo XIX, recibiendo los movimientos de restricción y libertad propios del gobierno de Fernando VII. Destacaron tras la muerte del rey, los grupos o cuadrillas que se reunían previamente para preparar sus intervenciones, que se componían de parodias, cantos y bailes. En la organización de estas comparsas participaron algunas instituciones como el hospicio y sobre todo gremios. Entre estas agrupaciones también había coros, como el llamado “coro patriótico”, con letras alusivas a la guerra de África que repartían escritas a la gente que escuchaba. Debemos decir que a medida que el carnaval ganaba en libertad y popularidad, las clases pudientes se fueron apartando de él, arreciando las críticas y llegando incluso a no ser reconocidas las fiestas en los programas del ayuntamiento, a pesar de la participación masiva de los gaditanos que seguían recorriendo las calles cantando y bailando, calentando cuerpos y espíritus con grandes cantidades de vino. Un ejemplo de esta separación progresiva de las clases pudientes, son los artículos de Flores Arenas en el periódico “La Moda”, que a partir del carnaval de 1861 se hacen especialmente ácidos y clasistas:

<< El Carnaval, en efecto, ha estado este año sublime, ha estado a toda la altura de su bestialidad....>>. << En la Plaza de San Antonio, enjambres de chiquillos descamisados, de polluelos atrevidos y de mozuelas desenfrenadas sacuden el rostro de la persona más decente y grave con plumeros de papel, le arrojan polvos y agua, le toman la cara con sus sucios y apestosos dedos. Aquellas nauseabundas manos todo lo osan, todo lo profanan. Ese es el carnaval, que después de haber removido todas las inmundicias de la sociedad, las arroja por las calles y plazas. Mientras eso ocurre en la calle, el baile del teatro principal se encuentra concurrido y decoroso, el buen gusto y la buena música ahogan el tumulto y el griterío del exterior.>>

En el último tercio del siglo XIX, se municipaliza el carnaval para ponerle control, es en este momento cuando las murgas y los coros comienzan a tener un protagonismo enorme, configurándose como auténtico eje del carnaval gaditano, por ello intentan ser controladas por Eduardo Genovés desde el ayuntamiento en 1884, dando licencia únicamente a 18 agrupaciones para recorrer las calles y plazas. Sin embargo, la agrupación carnavalesca de la que tomamos referencia como pionera del actual estilo carnavalesco gaditano “las viejas ricas”, que de forma reiterada aparece en la prensa y guías de ese mismo año, no reza en el listado de licencias que otorgó el consistorio, lo que nos hace pensar que muchas agrupaciones a pesar de no obtener autorización, o ni tan siquiera solicitarla, recorrieron las calles de la ciudad. De este coro, que alcanzó gran renombre, nos han llegado sus letrillas y músicas hasta nuestros días:

Adiós Cádiz de mi alma / Adiós población bonita / Adiós tacita de plata / Capital desgraciadita / Te ofrecen un puerto franco / no te lo pueden dar / Se quema el gran teatro / no se vuelve a levantar / Todos son ofrecimientos / esperanzas nada más.

2. El carnaval del siglo XX.-

A principios del siglo XX, con el alcalde Cayetano del Toro, la organización del carnaval se reforzó, adornándose la ciudad con fantásticas iluminaciones y exornos extraordinarios en los que destacó la obra de Antonio Accame, se potenciaron también desde el ayuntamiento los bailes de máscaras, las cabalgatas, los concursos de disfraces y de agrupaciones, fiestas infantiles y actuaciones callejeras.

En el año 1937 el general Franco prohibió la celebración de los carnavales en toda España, con lo que la expresividad y libertad popular sufrió un duro golpe, las fiestas típicas gaditanas, un carnaval descafeinado, se siguieron celebrando en febrero hasta 1967, que como último golpe de gracia, pasaron a celebrarse en mayo. Estas fiestas mantuvieron vivo el espíritu de las agrupaciones y se continuó su concurso, pero rompieron su esencia libertaria, el ritmo estacional que caracterizara al carnaval desde sus precedentes babilonios, griegos o romanos, y su relación con lo religioso. La libertad de expresión en las letrillas también sufrió un duro revés, pero ello agudizó el sentido del gaditano que pudo sortear, no sin gran esfuerzo, el lápiz de los censores. Fruto de esta época de represión de las libertades populares son los dobles repertorios, uno con toda la carga crítica y satírica, que se cantaba en lugares escogidos y otro pasado por los censores que era el oficial. También las letras que sin decir nada alusivo directamente a lo sexual o a la política, lo decían indirectamente todo, como esta de “los cristaleros” que milagrosamente eludió la censura:

Una tarde que yo estaba trabajando / en un chapú que me salió en una montera / cuando de pronto yo escuche un ruido extraño / de una criada que subía la escalera / muy buenas tardes, me dijo la joven / sin que interrumpa usted su trabajo / voy a pedirle un poquito de masilla / para una raja que tengo abajo. / Yo le contesté al momento / en seguida bajo al piso / y me llevaré el cacharro / para hacerle lo que usted me ha dicho / cuando estaba trabajando / la masilla se me endureció / y yo le dije verla meneando / y ella entusiasmada tanto la movió / que chorreaba el aceite linaza / y hasta los cristales llegó el salpicón.

Los bailes de disfraces continuaron celebrándose en el Casino Gaditano y posteriormente también en el Gran Teatro Falla. En la calle se podían ver agrupaciones que con suerte te cantaban el repertorio no pasado por el censor. Las cabalgatas oficiales, menos peligrosas políticamente, apoyadas por el ayuntamiento se hicieron más grandes y vistosas, en estas se repetían las batallas de serpentinas, papelillos y bolas de nieve, que a falta de los saquillos de arena típicos de antaño, ejercían la misma función rellenos de papelillos blancos. Paralelamente y en comienzo fuera del control oficial, deambulaba por las calles una cabalgata singular que luego se denominó cabalgata del humor, donde podían verse elementos del carnaval antiguo, como algún disfraz anticlerical o el monigote del político de moda, poco después también se oficializó.

3. El carnaval actual.-

En el año 1977, los carnavales retornan a sus primitivas fechas, haciéndolos coincidir nuevamente con los días previos al miércoles de ceniza. Con la llegada de la democracia retorna también la esencia del carnaval, la trasgresión, la lucha por la libertad y la crítica al poder establecido vuelven a las calles, y ya sin cortapisas roto el lápiz de los censores, a las letras de sus agrupaciones, que son repartidas entre los asistentes a cambio de una módica cantidad de dinero.

Este mismo año 1977, se produce un fenómeno curioso en el carnaval gaditano, como decíamos, al alcanzar las fiestas gran popularidad, finalizando el siglo XIX, las clases sociales más influyentes de la capital fueron apartándose del mismo y progresivamente respecto a participar como integrantes en las agrupaciones, la clase media hizo lo mismo. Como decían las abuelas, “niño, eso del carnaval esta bien para verlo, pero ser chirigotero está mal visto”. Debemos entender de la época, que corriendo la última dictadura, fueran las gentes menos pudientes las que por reivindicar su situación y de camino ganarse unas pesetas con sus interpretaciones, participaran en las agrupaciones, que por otra parte, si en sus letras hacían críticas ácidas o ingeniosos chistes aludiendo a temas sexuales, eran más solicitadas pero también acababan más fácilmente con sus huesos en la prevención (celdas de la comisaría de policía). Con el retorno de las libertades a la fiesta marcado por la democracia, se produce también la vuelta de la totalidad del pueblo gaditano al carnaval y sus agrupaciones, este nuevo punto de inflexión lo marcó el coro “Los dedócratas”, que entre sus integrantes reunían de nuevo a lo más variopinto de la juventud gaditana, bajo la dirección de un profesor de música, el maestro Escobar.

Con el retorno del carnaval a febrero, vuelve la tradicional esencia de la fiesta, el espíritu transgresor toma un nuevo rumbo con nuevas formas de expresar las inquietudes del gaditano, las chirigotas ilegales también denominadas familiares o callejeras, fuera de toda atadura relacionada con el reglamento del concurso oficial de agrupaciones del ayuntamiento, dan una bocanada de aire fresco al carnaval (curiosamente estas agrupaciones son las más parecidas en su estilo a las de los siglos XVIII y XIX), posteriormente muchas de las llamadas oficiales, buscan también la escapada a las normas del concurso.

El poder económico, militar, gubernamental y posteriormente el religioso con agrupaciones como las chirigotas “los cegatos con botas(1983)” o “los tontos de capirote(1986)”, son criticados sin piedad en las coplas, este último tema fue el más tardío en ser objeto de sátiras en las letras, probablemente porque es posible que sea la semana santa, el único acontecimiento que levanta tantas pasiones como el carnaval en Cádiz. Una de las coplas de este último grupo, que representaba el frontal de una procesión de semana santa, con alcalde, militares de alta graduación, mujer de mantilla, romanos, obispo y penitentes, todos portando una varilla con el símbolo del dólar, es la siguiente:

La General Motors, la Nestle y la Kodak / multinacionales como la Coca Cola/ son firmas poderosas que te absorben como tampones / date cuenta la fuerza que ya hasta anuncian los condones / pero la más grande lo digo claro / que nació en un pesebre con pastores y romanos / y ahora tienen montao un peaso negocio en el Vaticano.

Estribillo: Maaaamen..... si nos gustan las navidades / somos tontos de nacimiento / y tontos de capirote si por abril nos gusta el incienso.

Este mismo grupo, se presentó al año siguiente con la chirigota “la dictadura postiza(1987)”, caricaturizando a todos los dictadores de la historia y atacando ferozmente a las estructuras militares y políticas, una buena muestra de ello es el siguiente pasodoble:

Con su traje de chaqueta cruzada, camisa inmaculada, burócrata masivo / luce una imagen cínica y cuidada, con barba recortada de falso subversivo / ostenta ahora un puesto respetable, impregnado de fragancia burguesa / como el lujo del despacho donde marca, con foto del monarca, el rumbo de la empresa. / Titular de silloncito, con tu puño y rosa, te has pringao de mierda / que a pesar del logotipo tu ideal reposa lejos de la izquierda / como mimas la camada, colocando al camarada / la partida de las urnas, con discurso vano ganas por derecho / más hay una partida que nunca tendrás en tus manos, la de nacimiento.

Como además de fechas de trasgresión, las coplas de las agrupaciones son, en muchas ocasiones, la única forma que el gaditano encuentra de expresar sus sentimientos sobre lo que considera realmente importante, algunas agrupaciones ofrecen el contrapunto a las coplillas anteriores, como la comparsa “Cargadores gaditanos(1986)” que coincidió en la final del concurso del Gran Teatro Falla, justo detrás en orden de actuación, a los “Tontos de Capirote” y cantaba:

No puede acabarse, por ningún motivo/ nuestras tradiciones en semana santa / no puede acabarse, no tiene sentido / lo que siempre ha sido su más bella estampa. / El cargador gaditano nunca ha tenido rival / con ese ritmo gitano, con que va llevando el paso muy lento en su caminar / nadie lo puede igualar./ Con el paso sobre ruedas perderá toda armonía / y no podrán escucharse las voces del capataz: / los de adelante a la derecha, los de atrás a la izquierda poquito a poquito / mientras las calles se cierran y entra el paso muy justito.

Durante el último tercio del siglo XX, debemos decir que, además de obtener en los días de carnaval el don de la praxis, como ocurría en la antigua Grecia, se produce incluso, dada la calidad de su discurso, que algunos elementos surgidos de la clase productora (poiesis), reciban de la polis el reconocimiento para expresarse libremente en cualquier época del año. Iniciado ya el siglo XXI tenemos al menos cuatro políticos surgidos del carnaval.

En los últimos años el concurso ha rebasado ampliamente las ciento cuarenta agrupaciones, que llegan desde muchos lugares de España: Barcelona, Córdoba, Madrid, Almería, Huelva, Málaga o Sevilla son algunos de ellos. El número de callejeras puede igualar e incluso superar a las que se presentan al concurso, pero es imposible de calcular. Los visitantes durante las fiestas cuadruplican la población de la ciudad. La televisión retransmite íntegramente el concurso de agrupaciones para toda Andalucía y alguna otra comunidad autónoma. Las letras se van refinando y ganando en ingenio año tras año, un ejemplo de esto es el pasodoble de “los Yesterdays” dedicado a Andalucía el pasado carnaval:

Como dijo Blas Infante, “andaluces levantaos” / perdón que no me levante, porque estoy mejor sentao, / bueno me voy a poner de pié, me voy a dejar de tontería / anda una dos y tres, que bonita Andalucía / venga a ponernos serios, que vamos a cantar el imno / los andaluces queremos, volver a ser lo que fuimos / lo que fuimos antiguamente, pobrecitos y vasallos / siervos de terratenientes y de chulos a caballo./ Si este pueblo se disparata, con la boda de un matavacas y la niña de una duquesa / si este pueblo se me arrodilla, ante una espada y una mantilla, este pueblo me da vergüenza / ya esta bien lo de verdes mares, de campiñas y de olivares, que así luego nos luce el pelo / castas, después te ponen la serie de Emilio Aragón, pim, pom, con sus castas / y aparece en el más ínfimo escalón, de su estrecha jerarquía / el servilismo mamón, de la marmota de Andalucía.

Así una tras otra, chirigotas: las más ácidas en sus críticas, con tipos extravagantes y gracia a raudales en sus culpes; comparsas: más serias, armoniosas y piropeadoras; coros: más musical, orquestal y con ritmos más característicos, participan por las calles en sus carrozas; cuartetos: tres, cuatro o cinco componentes que parodian situaciones ridículas con gran carga humorística y crítica; romanceros que recitan sus poemas acompañados de un cartel alusivo; ilegales o callejeras que hacen lo que quieren y los gaditanos con sus disfraces y chascarrillos, configuran el carnaval de Cádiz, copiado en gran parte de Andalucía, exportado a países como Uruguay y Venezuela, de interés turístico internacional y uno de los históricamente más famosos de España.